20 julio 2015

La Tanorexia

La moda de tomar baños de sol se remonta sólo a mediados del siglo pasado. 

Hasta entonces, la piel blanca era señal de distinción y sólo los obreros que trabajaban en el campo mostraban los efectos del astro en su piel. 

Los tiempos cambian y lucir un 'bonito' bronceado está más de moda que nunca. Hasta el punto que hay personas que no pueden refrenar su deseo por ennegrecer su piel ni sopesar los dañinos efectos. 

Los tanoréxicos, enfermos de helomanía o que padecen el 'Síndrome del Lagarto' representan el 0,3% de la población de Valladolid.

El término tanorexia surgió en el año 2003, cuando dos investigadores ingleses localizaron a través de una encuesta a varios bañistas de las playas de Estados Unidos que demostraban una obsesión por el bronceado, semejante a la de los adictos por su objeto de adicción.

«Se trata de una dependencia de tipo psíquico para satisfacer las aspiraciones estéticas de la personas, pero también tiene una parte física», explica el doctor y director Técnico del Centro de Rehabilitación de Adicciones Sociales (CETRAS).

Desde el punto de vista físico, el placer que se experimenta con la exposición al sol activa receptores opiáceos -a través de las endorfinas-, que si se bloquean pueden dar lugar a un síndrome de abstinencia.

Las personas que padecen tanorexia presentan una disfunción muy parecida a la de las anoréxicas. «Ven su piel clara por muy morenas que estén y para broncearse son capaces de poner su vida en peligro», asegura Bombín.


Lupe, una vallisoletana de 39 años de edad, sufre tanorexia desde hace años, aunque ella asegura que «son cosas» de su psiquiatra...«A mí, lo que me pasa es que me dan mucho asco las personas blancas», exclama ajena a un problema que arrastra desde su nacimiento.

Y es que su padre, lo primero que espetó al ver a Lupe recién nacida fue: «A esta niña sacarla a la calle todos los día para que le dé el sol. A mí tan blanca no me gusta». Pues dicho y hecho, Lupe toma el sol casi a diario.

Las consecuencias para la piel parecen no importarle. Mientras muestra su escote repleto de grandes lunares provocados por el sol, dice: «A mí me da igual arrugarme. Me opero para estirarme y ya está», cuenta como el que habla de ir al dentista y añade: «Ya sé que puede provocar cáncer de piel, pero de algo hay que morir».


Lupe asegura que a la sociedad le gusta las mujeres bronceadas y que sentirse guapa «es lo primero». Precisamente, esta adicción se enmarca dentro de las denominadas 'de culto al cuerpo' y guarda gran semejanza con la anorexia y la vigorexia.

«Los tanoréxicos no están satisfechos con su propio cuerpo y sufren baja autoestima. Estar a la moda y que los demás les acepten, para ellos es muy importante», admite el doctor.

La delgadez y una piel bronceada, en este momento histórico son parámetros anhelados por el común de la población. «Para sufrir tanorexia no hace falta que una persona tome el sol todos los días. 

El problema comienza cuando al sentirse un poco blancas en su cabeza salta una alarma, que no funciona igual para protegerse del cáncer», se lamenta.


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