26 julio 2017

Los créditos online siguen aumentado

Cuando los préstamos inmediatos para emprendedores que permiten crear tu propio negocio. Hoy día emprender es una necesidad; el simple hecho de estar en el paro hace que no se dispongan de recursos suficientes como para ello. Pero gracias a que disponemos de mini crédito sola en para emprendedores en apuros podrá salir del apuro holgadamente. Ser emprendedor significa también tener que depositar parte de nuestros ahorros en aquellos servicios o productos que necesite nuestro negocio. Existen muchas plataformas que nos permiten crear una tienda online, aunque la creación de la tienda sea gratis, el dominio y el hostings hay que pagarlos, así como a los proveedores de los productos que vamos a ofrecer a nuestra clientela, además de los softwares de facturación.

La mejor solución no es acudir a las administraciones públicas a solicitar ayudas para autónomos, porque lo que recibes por un lado por el otro te lo quita. Por ese motivo una de las mejores alternativas sólo créditos online para emprendedores, con ellos puedes poner en marcha cualquier proyecto, por lo que la inversión inicial puedes contar con tener la cubierta.


Además de ser emprendedor digital no significa crear una tienda online y ya está, no al menos si lo que quieres es vender; para ello vas a necesitar diferentes servicios que te ayudarán a darte a conocer, a hacerte más visible y como cabe esperar la promoción cuesta dinero, dinero del que no siempre se dispone.

Solicitar este tipo de préstamos rápidos presenta multitud de ventajas porque puede solicitar la cuantía que precisas y conseguir muchas facilidades a la hora de devolverlos. Destacan por su rapidez a la hora de que te hagan la transferencia a tu cuenta bancaria, la inmediatez en su respuesta por parte de las entidades privadas crediticias y la comodidad para solicitarlos de este tu casa. Por lo tanto, si te surge una idea para hacer un negocio extra en un momento dado, siempre tienes la opción de acceder desde tu teléfono móvil y buscar préstamos rápidos para emprendedores, de esta manera tu proyecto podría hacerse realidad en sólo unos días. En conclusión, los emprendedores tienen o vivía muchas oportunidades para hacerse un hueco en el mercado y ganar presencia. Si no disponen de recursos lo préstamos inmediatos son una de las mejores opciones.

Microcréditos para la primera comunión, que nos resultan de gran ayuda económica para preparar la decoración. La primera comunión es sin lugar a duda uno de esos eventos que te marcaran de por vida. Es una de las mejores ceremonias de nuestras vidas y seguro que algún regalo no se espera. Es un momento irrepetible y único, por ello lo mejor es organizarlo todo para ese día; cumplir con eso, hemos pensado en darte tantas ideas como minicréditos rápidos para la primera comunión.

Al preparar la decoración del lugar de la celebración, se tienen en cuenta cuatros aspectos determinantes, la personalización de las sillas y las mesas, la sorpresa que se le da a los invitados, los elementos con los que quieres darle un toque a la fiesta y no olvidar hasta el último detalle. Para personalizar las sillas y las mesas no hay que olvidar los gustos, los colores y las preferencias del protagonista del día. Escoger un mantel y un camino de mesa o sobre mantel de una tonalidad acorde, todo esto se puede conseguir de forma económica.

Para sorprender a los invitados mal la con una mesa dulce para endulzar el paladar tras una deliciosa comida. Y para terminar los detalles de la comunión, el recordatorio con la foto es imprescindible. Si tenemos en cuenta todo esto, veremos que la decoración tiene un precio elevado y que por mucho que queramos ahorrar no nos llegan. Así que si quieres organizar alguna, que sepas que los préstamos rápidos online y los préstamos inmediatos pueden servirte de gran ayuda.

El mercado digital es un sector que va aumentando día tras día y cuya previsión parece seguir creciendo. Lo mismo ocurre con los créditos online, uno de los más favoritos de la crisis en España. Si tenemos en cuenta que los dos sectores están en plena expansión, comprenderemos que su función no ha hecho más que engrandecer y beneficiarse mutuamente. Cada vez son más los usuarios que utilizan internet para realizar búsquedas de servicios o productos específicos. Cada vez es mayor el número de personas que se valen de Internet para solicitar créditos rápidos online sin papeleos; la búsqueda suelen realizarla en Google, que es el buscador por excelencia.

Si no tienes trabajo y buscar cómo montar una empresa, puede solicitar créditos rápidos online para desempleados. Si necesitas dinero urgente porque que ha surgido un imprevisto y no tienes a nadie que te lo facilite, también puedes pedir micro créditos para antes de que termine el día. Si necesitas dinero, pero no habrá manera de devolverlos de una sola vez, existen los créditos rápidos a plazos. Si estás en la Universidad, quieres estudiar una carrera o hacer un curso, un master, con los mini créditos para estudiantes puedes pagarlo.

Por las muchas ventajas que ofrecen los préstamos rápidos y nómina y por encontrarse fácilmente en el mercado digital, cualquier persona puede llegar a los minicréditos, lo que ya es una razón de peso por la que crecen las búsquedas en Google.


El presidente de Bankia estuvo ayer en Alicante para inaugurar un pionero modelo de oficina comercial en España, y aprovechó la jornada para dejar claro que bajo su mandato no se van a volver a aprobar préstamos entre particulares ilógicos o que no respondan a la ortodoxia bancaria.

Bankia quiere desvincularse todo lo que pueda del pasado, concretamente de los pufos que heredó de Bancaja y que aún pululan por su balance. 

No obstante, algunas operaciones controvertidas aprobadas en su día por la caja valenciana –como los créditos online inmediatos dados a las empresas vinculadas a Juan Cotino, presidente de las Cortes Valencianas– pueden salpicar, sobre todo mediáticamente, a la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri.

Una de estas operaciones cuestionadas y cuestionables, y que ahora ya está en manos de la Fiscalía Anticorrupción al considerarse como mínimo sospechosa a juicio de la propia Bankia, gira en torno a un préstamo concedido por Bancaja (presidida entonces por José Luis Olivas) a una empresa ligada a la familia de Juan Cotino.

Bancaja dio 35 millones de euros a Share Capital, participada por Asedes Infraestructuras y Sedesa, dos firmas relacionadas con el influyente dirigente del PP de la Comunidad Valenciana. El crédito se concedió para comprar activos inmobiliarios en Hungría y Rumanía.

Preguntado por estos hechos ayer en Alicante, Goirigolzarri se negó a hablar de "operaciones concretas y de nombres concretos", aunque sí matizó que "las operaciones que parece que no tienen ortodoxia o que en principio no muestran una base de ortodoxia bancaria, no se aprobarían ahora, por supuesto que no".

El presidente de Bankia explicó que el banco tiene un sistema por el que se detectan operaciones "que no son ortodoxas desde el punto de vista de la lógica bancaria" y que se analizan. "Si como consecuencia de esa investigación –añadió– se ven cosas sospechosas, se ponen en conocimiento de las autoridades, de los reguladores, de los supervisores o de los organismos judiciales correspondientes".

Bankia ha estado meses investigando operaciones controvertidas heredadas de las cajas de ahorros que formaron el grupo. Y Bancaja protagoniza gran parte de estas operaciones sospechosas, entre las que se incluyen también los créditos a Aedifica, que junto a Bankia Habitat se ocupó de la edificación del estadio del Valencia CF, el Nuevo Mestalla.

El portavoz del PSPV en las Cortes Valencianas, Antonio Torres, asegurado ayer que el PP "no puede mantener como presidente en la máxima institución valenciana a un señor cuya familia ha realizado múltiples y sospechosos negocios con la Generalitat".

Por otra parte, Goirigolzarri, que estuvo acompañado por el director territorial de Bankia en Alicante y Murcia, Miguel Capdevila, afirmó que la entidad ya ha completado el proceso de reestructuración de la red comercial en la Comunidad Valenciana, donde el banco acumula un 20% de su volumen de negocio.

La Comunidad Valenciana es un mercado fundamental para nosotros, señaló Goirigolzarri, quien destacó que se invertirán unos 350 millones de euros en los tres próximos ejercicios para modernizar sus oficinas.

25 julio 2017

Me he arruinado de comprar tantas faldas

Por fin he cambiado la ropa de los armarios. Como siempre que cambio la ropa de los armarios (dos veces al año, una cuando llega el verano y otra al aparecer los primeros fríos), descubro un montón de cosas inútiles, prendas cuya existencia había olvidado y que dormitan ahí porque no me abrochan, ni me sientan, y además están pasadas de moda. Son como cadáveres flácidos ahorcados en una percha de plástico. Es entonces cuando me azota la neura. Estos días, sin ir más lejos, he vuelto a sentir sus efectos. 

Después de trasegar varias horas con faldas y vestidos llego a la conclusión de que no tengo nada que ponerme y, atacada por un vago sentimiento de indigencia, salgo a la caza y captura de algún modelito nuevo. La ropa que compro luce muy bien en las tiendas y por eso la compro, pero luego llego a casa y descubro que me hace enana, o me saca culo o no combina con esas prendas del armario que duermen el sueño de los justos porque en su día tampoco combinaron con nada. 

Al principio creía que todo era una trampa de los espejos de las tiendas, que nos hacen a las mujeres más altas, más guapas y con los ojos más azules, pero la culpa está en mí, o al menos en la idea que de mí proyectan interesadamente las dependientas de las tiendas. 

Ellas utilizan conmigo un lenguaje para el que no estoy preparada emocionalmente. Veo un jersey en la estantería y antes de atreverme a desdoblarlo alguien se apresura a decir que me quedará ideal, me pruebo una falda y resulta que estoy bárbara, y luego se me ocurre preguntar por el precio de un trajecito y contestan que es superponible. Así pasa lo que pasa. O sea, que me arruino. 

El lenguaje de la moda es reconstituyente y supone la mejor terapia para sacar a flote la autoestima. Ahora, invadida por la tontuna otoñal -de mi cuerpo han desaparecido los últimos restos de bronceado, me da grima el roce de las medias en los muslos y para más inri, con el frío empiezan a dolerme las bisagras- necesito una dosis rápida de lenguaje euforizante. No sería mala idea tratarme a mí misma como un trapo. Cuando me llamen por teléfono para preguntar qué tal estoy, rápidamente sacaré a relucir mi nuevo lema: superponible. A ver si cuela y alguien se anima.

24 julio 2017

Mick Jagger va dando tumbos

Mr. Anthony Julius, abogado londinense, se va a hacer muy famoso. O más famoso aún. Y notablemente más acaudalado. Después de haber tramitado hace un par de meses el divorcio del Príncipe Carlos y Lady Diana, le va a tocar ahora establecer los términos de la separación del celebérrimo matrimonio formado por Mick Jagger (53 años y ya abuelo) y Jerry Hall.

Fin del milagro. No era otra cosa, según palabras de la propia Jerry en 1992, esa relación que empezó en 1978. Durante doce años, el astro británico del rock y la modelo texana mantuvieron un noviazgo que concluyó sorprendentemente en boda en 1990. Hoy, seis años después, los tres descendientes de la pareja (Elizabeth, de once; James, de diez, y Georgia, de cuatro) están a punto de convertirse en hijos de fin de semana.

Se acabó el doble milagro. El milagro de casar de nuevo a Mick después de su separación, en 1980, de la modelo nicaragüense Bianca Pérez Macías. El milagro todavía mayor de que el matrimonio permaneciera atado (aunque sujeto con alfileres) durante tanto tiempo conociendo la debilidad de Mick por las faldas. Por las faldas, y según otras lenguas, de vez en cuando por los pantalones. La homosexualidad sería en él una tentación episódica.

Hace dos años, y por estas mismas fechas, Jerry abandonó a Mick a causa de los contumaces devaneos aquí y allá de éste con la modelo italiana Carla Bruni, una chica más en la vida del cantante, pero no una de tantas. Alguien especial, sin duda. Tanto, que atrajo a Jagger hasta Tailandia al día siguiente del nacimiento de Georgia. Una escapada imperdonable entonces y que desencadenó lo que podría llamarse amarga ira de Jerry. «Se supone que un hombre debe estar con su mujer cuando ésta acaba de tener un bebé».

Mick no lo hizo. Está clara su afición, casi una fijación, por las modelos. Y aunque su catálogo de conquistas no se detiene en las pasarelas, parece ser que otra modelo, una joven checa llamada Jana Railich, ha colmado de una vez por todas la paciencia de Jerry. Hasta aquí hemos llegado.

Hay mucho dinero en juego en este divorcio. Una característica inseparable en muchos matrimonios de celebridades. Jerry Hall ha planteado una batalla de unos unos 21.000 millones de pesetas. No olvidemos que Jagger es uno de los hombres más ricos del Reino Unido y que la pareja posee, sin ir más lejos, mansiones en Inglaterra, Estados Unidos, Francia y el Caribe.

Por lo que se ve, no hay quien ponga barreras al viento. En opinión de Christopher Sandford, autor de la más famosa biografía del líder de los Rolling Stones, éste veía a su esposa «como un socio, alguien con quien tratar de igual a igual, incluso más fuerte que él mismo». Según algunos amigos de la pareja, Mick estaba domesticado o poco menos. «Ahora me ven paseando con Jerry y con mis hijos y piensan que soy aburrido. No es tan sencillo. Yo creo que hay varias personalidades dentro de uno».

Mick Jagger, como todo mortal, no es de una pieza. Pero esa parcela suya nada modélica, a pesar de ir de modelo en modelo, parece ser la más auténtica y de las más frecuentes. No hay duda de que se trata de una auténtica «piedra rodante».

23 julio 2017

John Galliano y Dior son incompatibles

Dior, la casa por antonomasia del «savoir-faire» francés, ha decidido provocar, confundir y escandalizar a sus elegantes prosélitos al fichar al inglés, de origen gibraltareño, John Galliano para sustituir a Gianfranco Ferré. La noticia es escandalosa en sí misma, pues John Galliano era, «a priori», el diseñador más incompatible para dirigir una casa así.

Su trayectoria, sus mitos, y hasta su presencia -bajito, delgado, extravagante y casi siempre disfrazado de indio de la pradera- lo hace directamente una paradoja. Los eternos aspirantes, Christian Lacroix, Claude Montana o incluso el tipo más genial de la moda francesa de los últimos veinticinco años, Jean Paul Gaultier, se han quedado otra vez fuera.

Les ha ganado este, tan esperpéntico como espectacular, hombrecito valiente llegado del Covent Garden londinense. Aunque parezca mentira, repasando su familia, su formación e incluso su currículum, lo más impresionante de John Galliano es haber debutado con un cierto éxito al frente de la correcta y casi relamida casa de Alta Costura de Givenchy. Como da la casualidad que esa casa pertenece al mismo Grupo -el llamado imperio francés del lujo LVMH- el fichaje no hace más que subrayar que la primera operación fue un éxito.

Hasta hace unos cinco años, John Galliano era casi un desconocido, fuera naturalmente de los expertos en moda que lo consideraban uno de los jóvenes más rebeldes, disparatados, imposibles y brillantes creadores ingleses. Sus colecciones tenían títulos casi extravagantes, escenarios poco convencionales y prendas no aptas para ingleses bienpensantes.

Pero he aquí que se le ocurrió presentar una colección dominada por las cinturas de avispa, los hombros desnudos y las faldas largas hasta arrastrar por el suelo. La prensa especializada decidió al unísono, fijarse en John Galliano.

La cascada de premios en todo el mundo -entre los que se incluyen en 1995 la T de Oro de Telva al mejor creador internacional- prepararon el camino para éxitos mayores.

Fue entonces cuando Givenchy, que había anunciado su retirada, le dio el relevo a este pequeño personaje. Lo que Bernard Arnault, auténtico tiburón de las finanzas francesas, quiere es vender Christian Dior al precio que sea. No quiere halagos de pasarela que luego no se conviertan en resultados económicos. Sabe de lo que habla, es propietario de Vuitton, de Clicquot, de Hennessy, y hasta de Loewe.

Parece haber acuñado el lema de que «todo vale para vender». De modo que los desfiles de Dior no volverán a ser aquella solemne ceremonia de distinción a la que nos acostumbró Ferré. Ahora serán presumibles disparates, sin duda geniales, porque John Galliano lo es, que en primer lugar volverán a ocupar su sitio, no ya en las portadas de Vogue Francia, sino en Le Monde o en el Herald Tribune.

Esa es la razón del imprevisible fichaje de este nuevo Picasso nacido en 1960, que vive con su familia en Inglaterra desde 1966 y terminó sus estudios de moda en 1984 en la prestigiosa St. Martin's School of Art de Londres.

Diez años después recibiría el premio al «Diseñador británico del año», título que le llevó aparejado el prestigio de ser considerado el maestro del «moderno glamour» de los 90.

Su debut en la Alta Costura, para Givenchy, lo hizo con la colección Primavera-Verano 96, captanto el espíritu de su antecesor en los años 50 y mezclándolo con su personal visión.

En su colección 96/97 eligió el Polo de París como tema y escenario de su propuesta de «prê-a-porter» enriquecida con elementos de la costura y cultura nativa americana.

La segunda colección de Alta Costura para Givenchy, Otoño-Invierno 2017, está inspirada en la Emperatriz Josefina, las «Merveilleuses» y el invierno de Ascot. Una colección, en muselina, de etéreos vestidos Imperios, abrigos estampados en leopardos, sensuales vestidos cortos y conjuntos de piel.

En Dior parecen haber aprendido bien la lección que Karl Lagerfeld dió en Chanel: «Si no hablan, aunque sea mal de ti, no tienes nada que hacer en este mundo». Un mundo, el de la moda, en el que nada es ya respetado ni respetable si no vale su peso en oro.

Lo increíble es que un tipo como John Galliano guste a los perfumados y atildados banqueros de París. Finalmente, en Francia han permitido que la imaginación llegue al poder.

22 julio 2017

Le han retirado los rezos a Lady Di

Ya ni rezan por ella. A Diana de Gales le han dejado una pensión de no sé cuántos millones, pero ya no tiene quien le rece. De forma oficial, con su correspondiente comunicado y todo, se ha ordenado al capellán de Palacio -o como se llame esa figura en la Iglesia Anglicana- que retire de sus oraciones a la pobre Lady Diana Spencer. Como no han podido quitarle la custodia de los hijos, han decidido disminuir al menos la gracia divina que sobre sus ojos tristes caía cada mañana gracias a los buenos oficios del pastor y sus preces.

Cicatera venganza ésta de retirar a alguien las oraciones que por su bien se hacían aunque realmente yo no sé qué pintaba Lady Di en las preces del pastor y me pregunto ahora por la suerte que habrá corrido en este desagradable asunto la, al parecer, muy empecatada dama Sarah Ferguson. Si a Lady Diana, que es una sinsorga inexperta, la retiran de las plegarias, para la Ferguson, que es licenciosa y experta en diversas artes, rogarán toda clase de males y, naturalmente, el fuego eterno.

En eso de la preces y oraciones parece ser que siempre hemos sido más parcos y comedidos los católicos. Porque incluso en tiempos ya pretéritos en los que los palios estaban a la orden del día, que yo recuerde los oficiantes de la misa de doce pedían por nuestro Santo Padre el Papa Pío XII, nuestro obispo Casimiro y nuestro Jefe de Estado Francisco. Punto. Por allí no aparecía ni doña Carmen Polo ni mucho menos don Cristóbal Martínez Bordiú que hubiera sido, como aquél que dice y salvando las distancias, el Lady Di de la cosa anterior.

Ya sé que discrepo de mucha gente, pero a mí me sigue gustando esa Lady que se mueve entre el paréntesis de sus caderas, que mira con cara de decir «señorito, deme algo que el hambre es mu mala» aunque luego le ingreses miles de libras en el banco. A la pobre mía primero le quitaron las tarjetas de crédito y ahora la han expulsado de las oraciones. Mejor así, amor, mejor así. Lo tuyo era el sol cálido de la Mallorca luminosa y lo de tu ex las brumas escocesas donde pintar paisajes tristes con faldas escocesas. No se preocupe mi Lady: hay plegarias que en ciertas bocas se convierten en blasfemias y maldiciones.

21 julio 2017

La sonrisa de la muerte

Me estremece pensar en la muerte, y estos días no hago otra cosa que recrearme en ella. La muerte baja de noche a visitar los sueños de los vivos y a ponerles la piel de gallina, como me los ha puesto a mí esta madrugada, después de pasar la última página del libro de Raúl del Pozo, donde una señora que enseña el parrús por diez céntimos toma al protagonista de la mano y se lo lleva para siempre. La señora no tiene rostro y guarda bajo sus faldas la sonrisa de la muerte. Al evocarla he caído rendida en la cama y el sueño se me ha inundado de olor a cera derretida, de negros rigurosos, de recuerdos lejanos que avivan al primer muerto de mi infancia, cuando la abuela cubrió los espejos de la casa en señal de duelo y los murmullos se deslizaron por los rincones de todas las alcobas. 

Las mujeres llevaban vestidos teñidos precipitadamente, y velos que les tapaban parte de la cara. En la habitación del muerto hubo luz toda la noche y la gente se turnaba para llorarlo. Yo contemplaba el espectáculo desde lejos y no podía dormir imaginando como sería la muerte, que pensaría el muerto viendo todo aquel trajín de negritudes silenciosas que desfilaban ante su cadáver. Al día siguiente lo enterraron con una hermosa canción que desde entonces lleva para mí la tristeza arrastrada de una ranchera, y después la abuela volvió a casa y levantó los velos de los espejos para que todos pudiéramos vernos otra vez la cara. 

Ese fue el primer muerto de mi vida y el que más recuerdo. El último ha sido un muerto de trámite, como son casi todos los muertos de las ciudades, y no tuvo ninguna canción de despedida. Cuando lo llevaron a enterrar, los obreros que lo bajaron al hoyo se negaron a cubrir la fosa alegando que eso pertenecía a otra contrata. Alguien rezó entonces un padrenuestro y el muerto se quedó solo entre todos los muertos, perdido en la gran ciudad de cruces de piedra, y a mí sólo se me ocurrió pensar que si un día resucitaba no seríamos capaces de encontrarlo en el cementerio.

Se estrecha el cerco. Todas las mañanas espero con temor la noticia de un cáncer, una sobredosis o un accidente de coche en una curva. No estoy preparada para soportarlo. La muerte de los íntimos mata más que la propia muerte.

20 julio 2017

La Primera Guerra Mundial en Nueva York

«Dadá» significaba una actitud antiartística radical que contestaba todos los valores - El movimiento acabó en 1922 y revolucionó el mundo artístico - Una galería berlinesa albergó la primera muestra internacional - Objetos encontrados en la basura ocupaban una sala entera.

La primera gran feria internacional dadá se inauguró en junio de 1920 en la pequeña galería que el doctor Otto Burchard, historiador y marchante de arte, tenía en el número 13 de la calle Lutzow-Ufer de Berlín. Los dadaístas habían publicado en la prensa un anuncio solicitando un forzudo debidamente uniformado como tal para servir de guardia de seguridad de la galería mientras durara la exposición. No se sabe si alguien se presentó a la llamada, pero sí que dicho tipo era necesario, quizá imprescindible.

En las dos salas de la galería se presentaron 174 obras de 27 artistas, entre ellas cuadros antimilitaristas de George Grosz y Otto Dix (que presentó un cuadro giratorio), fotomontajes de Raoul Hausmann y Hanna Höch, y un maniquí con una bombilla encendida en la cabeza, una pierna ortopédica y una dentadura postiza por sexo, obra de John Heartfield y Grosz, todo presidido por una «escultura de techo», un oficial del Ejército alemán con cabeza de cerdo y un cartel en el pecho que decía «colgado por la revolución». Además había, entre otras cosas, un montón de revistas dadá, dibujos de Max Ernst y carteles tipográficos en los que se podía leer «Dadá para todos», «¡Abajo el arte!» o «El arte ha muerto. ¡Viva la nueva máquina artística Tatlin». Una construcción de Johannes Baader a base de carteles, periódicos y todo tipo de objetos encontrados en la basura ocupaban casi entera la segunda sala.

La crítica de arte no se preocupó demasiado de la exposición. El diario comunista la atacó y un crítico que debería ser comprensivo, Kurt Tucholsky, dijo que le parecía poco fuerte: «Indignarnos es algo que ya no se logra. Dadá... sí, ya», escribió. De todas maneras la justicia tomó cartas en el asunto e hizo una crítica de arte penal de la escultura de techo y de una carpeta de grabados que se vendía en la exposición, lo que dio lugar a un proceso que se saldó con una multa de 300 marcos para el autor de la carpeta, George Grosz, y otra de 600 para el editor.

El dadaísmo apareció casi al mismo tiempo en plena Primera Guerra Mundial en lugares tan lejanos entre sí como Nueva York, Colonia, París o Berlín, aunque fuera en la neutral Zurich donde nació el término sin significado «dadá», como nombre de una actitud antiartística radical, una actitud revulsiva que no se quedaba sólo en lo artístico y que por tanto contestaba todos los valores, desde las convenciones del lenguaje y la propia lógica hasta la política y la moral. Los efectos de dadá no fueron tan devastadores como la propia guerra, pero desde luego el arte no volvió a ser el que era antes. Y tampoco los artistas.

Dadá no poseía fin alguno, ya que era «la acción creativa en sí». La dinamita de dadá estaba cargada con provocación, novedad, terrorismo contra cualquier teoría o ideología y no poca mala uva. Sin embargo, el dadaísmo no fue pesimista, sino positivo y es que no se podía ser de otra manera en un momento en el que lo negativo, la muerte, se enseñoreaba de Europa sin ningún tipo de matices.

Aunque los dadaístas se jactasen de su desconocimiento de lo que pudiera significar dadá, no por ello dejaron de ejercer como artistas con línea oficial, cosa que hizo que bien pronto aparecieran los problemas. Uno de ellos fue precisamente la imposible definición del movimiento, cosa que no impidió que dadaístas notorios fueran recusados como tales por popes del movimiento nada menos que «por principio y de manera enérgica», como le pasó a Kurt Schwitters, no admitido en las filas dadá por su costumbre pequeño burguesa de llevar zapatillas en su casa. La misma falta de definición fue causa de que los más radicales pidieran más política, más compromiso. Cuando dadá acabó, en 1922, los ex dadaístas se dividieron. Aparte de los que se dedicaron a la política, algunos abandonaron el arte, otros se hicieron constructivistas y todavía quedaron unos pocos, los franceses, con energías suficientes para inventar el surrealismo.

Para comprender la feria nada mejor que detenerse en sus protagonistas. Entre ellos destacó George Grosz, el «mariscal dadá». Berlinés, tenía 27 años en 1920 y ya era un artista afamado por sus dibujos y caricaturas de una brutalidad feroz. Tenía fama de dandi por su atildado vestuario, más americano que inglés, idioma que hablaba en los cafés durante la guerra para provocar a los parroquianos. Era un personaje grandullón y algo agresivo y con bastante mal vino, de una sexualidad bastante perversa y facilidad para representar cualquier horror; en fin, un tipo que odiaba a casi todo el género humano, cosa que se llevaba poco con su militancia en el Partido Comunista, que acabó a la vuelta de un viaje en 1922 a la Unión Soviética en el que conoció a Lenin y a Trotsky sin quedar impresionado.

Dadaísta desde 1918, su actitud dentro del grupo queda resumida en dos versos suyos: «Nos reíamos poco y llorábamos en secreto. Nuestra expresión favorita era una mueca desafiante». Grosz es el único salvable de la feria dadá: «Ese que salva la exposición se llama George Grosz. Es todo un tipo, y un muchacho lleno de infinita acidez. Si los dibujos pudieran matar, los militares prusianos ya estarían enterrados». Después, Grosz renegó de su época dadaísta, siguió pintando y dibujando sin perder el mordiente, emigró a Estados Unidos tras la ascensión de los nazis al poder y volvió a Berlín en la posguerra. Allí murió en 1959, después de publicar sus memorias Un pequeño sí y un gran NO.

Otro artista destacado fue Richard Huelsenbeck, 28 años entonces. Llevaba siempre monóculo y era escritor, médico y dadaísta de primera hora. Había sido uno de los miembros fundadores del círculo dadaísta de Zurich e incluso se le atribuye, junto a Hugo Ball, el nombre «dadá», también atribuido a Tristán Tzara. Tras el cierre del Cabaret Voltaire, volvió a Berlín, donde refundó en febrero de 1918 el movimiento. Publicó los primeros ensayos sobre dadá, escritos «con revólver», según sus palabras. Tras el episodio dadaísta, Huelsenbeck retomó sus estudios de medicina en Dresde, convirtiéndose en médico naval, periodista, neurosiquiatra y más adelante en psicoanalista. Murió en 1974.

Johannes Baader, el «sobredadá» y el decano del grupo con sus 45 años, era un maniaco listo y seudológico que se creyó que era nada menos que Jesucristo vuelto del cielo. Amigo de Hausmann, se dejó convencer por él de ser el presidente de una sociedad anónima de Cristo. La sociedad no se llegó a crear, pero en una ocasión Baader interrumpió un sermón gritando desde el coro «me río de Jesús». Llegó a presentarse a diputado en 1917 y en la reunión en la que se fundó la República de Weimar tiró panfletos postulándose como primer presidente de la nación, el principio de su verdadera ambición: presidir el globo terráqueo. Hans Richter decía que era la falta de inhibiciones en persona. Siempre eufórico, Baader hacía obras con carteles que arrancaba de las paredes y aprovechó su profesión de arquitecto para construir zoológicos sin barrotes y proyectar una escultura titulada El drama dio dadá, obra compuesta por cinco pisos, tres jardines, un túnel, dos ascensores y una puerta giratoria. Murió en 1955 en un hospicio.

Raoul Hausmann nació en Viena y vivía en Berlín desde 1900. Tenía 34 años en 1920 y era, aparte del «dadásofo», el tipo más polifacético del grupo. Escritor, pintor, filósofo, creador de modas, editor de revistas, bailarín, fotomontador, músico, etc., era capaz de cambiar cada día de profesión. Hausmann era un fanático, un entusiasta egocéntrico, nihilista más que anarquista, virtuoso del monóculo, huérfano (sus padres se suicidaron con gas), aficionado a las faldas y, sobre todo, inventor, que es como más le gustaba que le llamasen. Tras dadá, continuó con sus invenciones, entre ellas un piano que pintaba, se hizo fotógrafo, vivió en Ibiza, practicó la bigamia consentida y no dejó jamás de enredar hasta su fallecimiento, ciego, en 1971.

John Heartfield, el «montador-dadá», era un berlinés de 29 años que había traducido en plena guerra el nombre con el que fue bautizado, Helmut Herzfelde, a la lengua inglesa para provocar a sus patrioteros compatriotas. Desde que en 1918 se adhirió al Partido Comunista, la protesta sin otro fin que ella misma y dirigida contra todo y contra todos, se convirtió en otro tipo de contestación subordinada a los fines de la lucha del proletariado. Heartfield fue el gran maestro del fotomontaje, haciendo cubiertas para la revista comunista Aiz, el periódico ilustrado obrero, revista que siguió editando en el exilio tras la subida de los nazis al poder. En la posguerra volvió a Berlín, donde murió artista oficial de la República Democrática en 1968.