18 abril 2018

Un hospital submarino

Desde un enclave serbio, a penas a un kilómetro de distancia, un tanque yugoslavo apunta su cañón hacia el hospital de Vinkovci: un edificio gris de cinco pisos totalmente devastado y desierto donde toda actividad se ha refugiado en el sótano, al abrigo de los cotidianos bombardeos. «Aquí vivimos como en un submarino. Llevamos ya 30 días y 30 noches. 

Sólo es soportable porque nos dejamos la piel trabajando», dice el cirujano jefe, Josip Dolanski. Desde el 15 de septiembre, cuando comenzaron los verdaderos ataques contra esta localidad eslavona -la más afectada después de Vukovar, a 20 kilómetros- el profesor Dolanski ha llevado una minuciosa contabilidad: 150 muertos, 1.300 heridos de los cuales 350 muy graves, provenientes de todas las regiones del frente. Los pasillos débilmente iluminados del sótano están llenos de camas.


En dos habitaciones, donde se almacenan los medicamentos y material de esterilización, se han instalado dos salas de operaciones que funcionan las 24 horas del día. Lo normal, dice el cirujano, es realizar amputaciones, tratar heridas en el tórax y fracturas. El personal ha sido reducido de un millar a 200 desde el inicio de los bombardeos contra la ciudad. Sólo se han conservado los servicios de cuidados intensivos para hacer frente a la afluencia de heridos.

11 abril 2018

La venta de armas de los americanos

Desde ayer, Nicholas Davies se convertirá en un personaje singularmente familiar para los ciudadanos británicos. Totalmente desconocido para el gran público, este hombre de 52 años, nacido en Birmingham, antes de incorporarse al periodismo realizó su servicio militar en Aden, en el tercer batallón del Coldstream Guards y en el ejército privado del Sultán de Omán. Sus primeros pasos en la Prensa los dió en el Birmingham Post, hasta que en 1963 se incorporó al Daily Mirror.


Ayer, la prensa británica empezaba a dar detalles sobre él que, hasta ahora, había pasado casi inadvertido. Así, se subrayaba que tenía algunos «hobbies» caros para un periodista, como ser propietario de tres caballos con los que juega al polo, deporte en el que se ha enfrentado en alguna ocasión contra el Príncipe Carlos. Según sus propias afirmaciones, heredó dinero de su familia y poseía un negocio de material submarino. Davies declaró que eran falsas dos cartas en las que se le relaciona con una compañía de armamento de Ohio, en EEUU. 

El diario The Guardian informaba ayer que tenían en su poder dos télex y cinco cartas en la que se relacionaba directamente un tal «Nick Davies» con venta de armas. William Johnson, presidente de Armtec International, con sede en Ohio, afirmó que él había escrito una carta a alguien llamado Nick Davies el 29 de mayo de 1985, con objeto de realizar un negocio de 36 millones de dólares, que no se llegó a realizar. Sin embargo, afirmó desconocer si este Davies es el mismo periodista y jefe de Internacional del Mirror.

04 abril 2018

El gafe de la Pantoja

«Alguien me ha echado una maldición», soñaba Luis Yáñez en su casa de San Vicente, tras despertarse sudando como una caballa de Isla Cristina fugada de las fauces de un marrajo. Es cierto. El resultado de su pesadilla parece sacado de una deducción aristotélica tipo «bárbara». En los recovecos de sus entretelas corianas, este exiliado de la ginecología por dictado de la política tiene que estar formalizando una comisión de investigación íntima, para que aclare quién o quiénes pinchan con alfileres su efigie amuñecada en las trágicas noches de vudú. Y tiene sus razones para ello. Desde hace ciertas fechas, con algún antecedente rimbombante, al contrario que el Rey Midas, todo lo que toca se convierte en ceniza, que es, como se sabe, el femenino singular de cenizo. Ya no recuerda nadie aquellas maledicencias del señor Tamames, que, en pleno arranque de motor diplomático, pusieron en solfa sus aspiraciones internacionales en el Palacio de Santa Cruz. 


La verdad es que los corredores de alfombras de Exteriores no guardaban en sus valijas el busto de Luis Yáñez. Es la leyenda negra, ya se sabe. Pero es que hay más. Cuando ya colocado como gran jefe del V Centenario apostó por el excelso Ricardo Bofill como comisario de la Expo 92, los poseedores de la fórmula del hechizo echaron sus sapos en el caldero y salió bendecido el catedrático Olivencia, entre el incienso y los cirios de la divinidad. Sin embargo, Luis Yáñez no conocía todavía el rigor y la perseverancia de su malaventura. 

Cuando ha comenzado a coger cuerpo la sospecha de que álguienes están maleficiándole, ha sido ahora, desde hace algunos meses. La primera señal de los augurios tuvo lugar en Sevilla, cuando vio que ese pájaro de mal agüero en que se había convertido Alfonso Guerra se empeñó, cuando Yáñez estaba en la carrera para alcalde, en darse un par de vueltas por los barrios. Otra vez un pinchazo al muñeco, y Rojas Marcos va, y ayudado por los árbitros de la derecha recalcitrante, le tumba de un mazazo en los mismísimos. Golpe bajo, sin duda, pero el K.O. fue «dabuten». Cuando en un rapto místico, largó sobre el final del dúo dinámico Guerra-González, los demonios sanjuanistas del PSOE de Andalucía le vomitaron fuego en los pulmones y decidieron que había llegado la hora de su expiración. Y con esa aventura, se le abrieron sus cajas de Pandora -por lo visto unas cuantas, y las pócimas han surtido efecto.

Tras aquel vapuleo, que hay quien cree destrozó una operación monclovita para aligerar de guerristas la ciudad del Betis, defendió a los renovadores del socialismo sevillano, y , su propia mujer, Carmen Hermosín, sacudió sus entrañas presidiendo la lista urdida por el maquiavelismo oficialista. Más cianuro político para sus desdichadas vísceras. Y ahora, tras el descanso de la magnífica presentación del espectáculo «Tierra», del Lebrijano y Caballero Bonald, viene el navío, el puto barco, y se hunde delante de las sardinas jartándose de tierra, pero del fondo del maldito puerto. «Socorro -gritaba Curro- que me ahogo». Elcano, Elcano, ruega por nosotros. Si Carlos V hubiese estado aquí... o Magallanes mismo... ¡Qué cruz!. Y la nao «Victoria» da la vuelta al mundo, pero esta vez gracias a la televisión. O sea, que sí, que Luis Yáñez tiene serios motivos para considerar la posibilidad de estar gafado, de tener un mal fario como la copa de un pino o de estar a merced de los guisos brujeriegos de algún enemigo fértil e incansable, que lo conoce bien, que lo espía, lo vigila, lo acecha y lo machaca. «Pedazo de conspiración, gloria de trama», dicen que trina el hombre, interrogando al espejito mágico por la cara y las señas del maligno.

28 marzo 2018

La tortura es normal en África

Busca uno ciertas imágenes de actualidad en vano. Algo se dice, sí, de la redada de ricos que estafaban a lo bestia al Erario Público, pero ninguna cadena sirve reportaje alguno sobre esa interesante acción policial o sobre la naturaleza y ramificaciones de esa banda de presuntos malhechores. De la nao «Victoria», ese bello barco que resultó tan poco marinero, tampoco se dice gran cosa, o, para ser más exactos, no se dice en el lenguaje de la televisión, es decir, con imágenes. 


Se ve que los programas de reportajes de actualidad que se emiten el fin de semana controlan sólo las cosas sucedidas, todo lo más, hasta el jueves, pero hay cosas que o se dan en su momento, recientes, o no se dan nunca. Es también el caso de ese pájaro de cuentas que atiende al nombre de Teodoro Obiang Nguema, el pequeño sátrapa africano que vive de la munificencia del Gobierno español. Aunque los informativos de televisión no nos lo cuentan como Dios manda, parece que el último anfitrión de Felipe González explota inteligentemente los residuos de nuestra mala conciencia colonial. A cambio de no prohibir la enseñanza del español en las escuelas (en las pocas que hay), los militares guineanos exigen centenares de miles de millones de pesetas que ni por casualidad revierten en beneficio del pueblo, uno de los más pobres de mundo. La única condición que pone González para seguir soltando esa pasta gansa es que la policía no torture mucho, y Obiang, complaciente, asegura que no, que tortura poco, que tortura lo normal. 

Ahora bien; para pasta gansa, lo que se dice gansa, la que se sigue gastando la Madre Patria en los eventos del Desencuentro de Dos Mundos. Cada vez que uno ve esos reportajes seriados, interminables, preciosos, sobre la vida privada de las llamas, los remansos del Orinoco o la campiña paraguaya, percibe el fondo insultante de ese despliegue televisivo que, por lo demás, se emite invariablemente a la una de la madrugada, o sea, para las criaturas nocturnas de los bosques. Lo que registran las cámaras, impresionada sobre paisajes de fascinante belleza, es una miseria espesa, helada, crónica, que a buen seguro se paliaría utilizando debidamente los recursos que se dilapidan en tanto reportaje, tanta expedición en canoa por el Amazonas y tanta chorrada. Que no me digan que los cien millones que costó la nao «Victoria», ese submarino, no se podían haber gastado en algo más nutritivo para los indígenas hambrientos y dolientes. Pero su fotogenia, lamentablemente, les pierde.

20 marzo 2018

Golpe mortal a la Flota del Pacífico

Debía ser el Waterloo de la guerra del Pacífico. La destrucción de la flota del Pacífico de EEUU en Pearl Harbor estaba destinado a ser el golpe de gracia de una guerra que, según los militares nipones, no debía durar más de un año. Aún se negociaba en Washington cuando la flota combinada de ataque dirigida por el almirante Nagumo zarpó de la bahía de Hitokappu, en las islas Kuriles, con destino a Pearl Harbor el 26 de noviembre. Seis portaviones, encabezados por el buque insignia de Nagumo -el «Akagi», dos acorazados, dos cruceros pesados, nueve destructores, una docena de otros buques de suministro y más de 400 aviones embarcados componían el puño de hierro diseñado por el almirante Isoruku Yamamoto para abatirse sobre la principal base de EEUU. Mitsuo Fuchida, el nieto de un samurai, era el hombre clave del ataque. 

Fuchida fue el encargado de entrenar a los pilotos nipones en la bahía de Kagoshima, muy parecida a Pearl Harbor, y debía dirigirlos en el ataque. A las 5.50 horas del 7 de diciembre, la flota de Nagumo llegó al punto marcado para el despegue. 50 minutos antes, Fuchida se había levantado. Se puso ropa interior roja para que si resultaba herido sus hombres no se distrajeran pensando en sus heridas, explicó más tarde. A las 6.15 horas, en medio de un mar picado, los 183 aviones de la primera oleada de ataque despegaron. Su formación fue descubierta por los operadores de un radar situado en Opana, en la costa norte de Oahu, pero sus jefes confundieron los aviones con un grupo de B17 que debían venir de California a reforzar la guarnición. 


Los signos de un ataque inminente aumentaban, pero nadie en Pearl Habor fue capaz de darse cuenta de lo que ocurría. A las 6.30 el destructor «Ward» descubrió un submarino intentando forzar las redes de protección de Pearl Harbor. El «Ward» abrió fuego y lanzó sus cargas de profundidad, pero el submarino se sumergió. En ese momento, los aviones de Fuchida se abatieron sobre los buques surtos en la rada de Pearl Harbor. La base se convirtió en un infierno. Los grandes acorazados norteamericanos fueron alcanzados por las bombas y torpedos japoneses. Las defensas de la Pearl Harbor fueron barridas. Los aviones, correctamente aparcados en sus pistas, destruidos sin apenas despegar. El primer ataque sólo duró media hora. Enseguida, la segunda formación japonesa hizo acto de presencia repitiendo el ataque y golpeando los aeródromos de Kaneohe, Hickam Field y Wheeler Field. En pocos minutos, 18 de los principales buques de superficie norteamericanos se hundieron o fueron destruidos, 188 aviones fueron destrozados en tierra, 2.433 hombres perecieron y 1.178 resultaron heridos. 

Los japoneses -que calculaban la destrucción de un tercio de su fuerza de ataque perdieron 29 aviones, 55 pilotos y nueve marineros que iban a bordo de cinco minisubmarinos encargados de minar el puerto: Cuando Fuchida volvió al «Akagi» pidió de inmediato lanzar un nuevo ataque para destruir los buques que aún flotaban y arrasar la totalidad de las instalaciones, pero Nagumo se opuso. Si el jefe de la flota combinada le hubiese hecho caso, los bombarcleros nipones podrían haber dado cuenta de los portaviones «Lexington» y «Enterprise» que en ese momento volvían a Pearl Harbor y haber asestado así un golpe mortal a la Flota del Pacífico.

12 marzo 2018

El mundo mágico de Peter Pan

Su vida fue una ejemplar encarnación del sueño americano: el triunfador que comienza repartiendo periódicos cuando niño y termina siendo, no ya presidente, sino rey de un territorio edificado con su propia fantasía: Disneylandia. Con sus creaciones ha marcado el Siglo XX, pero no sólo por sus películas y personajes sino por sus múltiples objetos, juguetes, cómics... y toda una industria montada entorno a ellos. Varias veces estuvo a punto de arruinarse pero siempre consiguió salir adelante. Era un hombre que creía férreamente en su instinto y que fue, además de un gran creador, un gran experimentador y un formidable hombre de negocios, ayudado siempre por su hermano mayor Roy que se encargaba de la parte financiera y que fue una persona decisiva en su vida y obra. 

Reconocen sus admiradores que el dinero le interesó siempre a Disney pero afirman que sólo como posibilidad de invertirlo en nuevos experimentos, muchas veces en contra de la opinión de Roy. «No hago películas para hacer dinero, hago dinero para hacer películas», afirmaba Disney, «no hago películas para que les gusten sólo a los niños o a los adultos, no las hago para un espectador imaginario, las hago para que me gusten a mí», palabras que podían haber sido pronunciadas por Chaplin o Howard Hawks, cineastas que tuvieron la fortuna de que sus gustos personales coincidieran con los de una gran mayoría de espectadores. A partir del momento en que pudo permitirse contratar a otros dibujantes, Disney no volvió a dibujar para sus películas, reconoció que otros lo hacían mejor que él. Se sentía orgulloso de saber ensamblar los diferentes talentos que trabajaban para él. Rossellini pensaba que las películas no se hacen sólo con la cámara sino con ideas, Disney pensaba que las películas de dibujos animados no se hacen sólo con las manos que dibujan sino con la cabeza y el corazón. Dijo Disney: «Yo no creo que las cosas sin emoción sean buenas o duren. Para mí el humor consiste en risas y lágrimas. Las dos cosas puse en Blancanieves. A ratos daba pena ella, y también los enanitos». Consiguió nada menos que treinta Oscars, el primero por la creación de Mickey Mouse. Empezó artesanalmente con una cámara filmando las aventuras de Alicia -una niña real- sobre la que el propio Disney dibujaba sus sueños.


Y aunque no fue el primero en poner personajes reales junto a dibujos animados -ya que antes lo había hecho Max Fleisher, el creador del Gato Félix y de Betty Boop, sí fue el primero en sincronizar una película. sonora de dibujos animados, y el primero en hacer una película en color -Disney, en su afán de perfeccionismo y también haciendo gala de su avispado talento comercial, consiguió que Tecnicolor le dejara durante dos años la exclusiva de su procedimiento, con lo que sacó una gran ventaja sobre sus competidores, y fue también el primero en hacer un largometraje de dibujos animados: Blancanieves y los siete enanitos (1937) -la película más taquillera en la historia de Hollywood, solamente superada años más tarde por Lo que el viento se llevó, y el primero en experimentar con las tres dimensiones, el cinemascope y el tecnirama, así como el primer y único «hacedor» de dibujos animados que filmó películas con actores sin dibujos animados como La isla del tesoro (1950) y 20.000 leguas de viaje submarino (1954) -película que curiosamente dirigió Richard Fleisher, el hijo de su más directo competidor: Max Fleisher. 

Las películas de Disney tratan todos los géneros, en primer lugar son películas de dibujos animados, pero en todas hay números musicales, humor, risas, melodrama y escenas de tenor (como la pesadilla de Mickey Mouse en El aprendiz de brujo de Fantasía (1940) o en Pinocho (1939), en la secuencia en que los niños golfos beben cerveza y fuman mientras juegan al billar y cuyas risotadas se transforman en un rebuzno desgarrado porque se están convirtiendo en burros; este rebuzno estremecedor no desmerece del patético y roto kíkiriki del profesor Unrath al volverse loco en El ángel azul de Von Sternberg). Su trabajo en la preparación de la historia, de los gags, del guión, de la caracterización de los personajes, la elección del estilo visual, de los colores, de las voces y la música de sus películas es lo que revela a Disney como un auténtico creador. Si todo su cine tiene un aspecto onírico, la estilización de los dibujos de Alicia en el país de las maravillas (1951) y Fantasía (1940) tienen un fuerte aroma psicodélico. Como dice ValleInclán en La pipa de kif: «Mis sentidos toman a ser infantiles...». El episodio de Disney que prefiero es La danza de las horas de Fantasía: aquellas avestruces danzarinas, aquellos elefantes, aquellas pudorosas y coquetamente obscenas hipopótamas con sus falditas rosas... aquellos aviesos y pícaros cocodrilos que van en su caza... 

Hasta ahora creo que nadie ha notado que tanto estos cocodrilos y elefantes como las elefantas cotorronas de Dumbo (1941) tienen un claro precedente en la obra gráfica del caricaturista Heinrich Kley, que dibujó elefantes e hipopótamos muy parecidos a los de Disney y también mujeres desnudas bailando con cocodrilos seductores en posiciones muy parecidas a las de La danza de las horas. Kley dibujó su obra antes que Disney, en el primer cuarto de este siglo. La huella de Disney aparece en muy notorias y variadas circunstancias: desde el Castillo de Xanadú de Ciudadano Kane -que recuerda al castillo de Blancanieves y los siete enanitos- hasta Ivan El Terrible de Eisenstein -éste declaró a la vuelta de su segundo viaje a América que los dos cineastas que más le habían impresionado eran Disney y Ford; hay momentos de Ivan El Terrible que recuerdan en parte al Von Sternbreg de La emperatriz escarlata y mucho a Disney, sin olvidar su influencia, tanto en sus métodos de trabajo como en su estilo, en Spielberg y George Lucas. Disney llegó a Hollywood con una maleta de cartón y, paradójicamente, con la idea de llegar a ser director de cine, no de animación sino de actores; pero al cabo de un tiempo se dio cuenta de que esto era un sueño imposible y decidió dedicarse a los dibujos animados. Frank Capra en su autobiografía cuenta cómo fue el principio de Disney en Hollywood: un amigo le pidió a Capra que visionara una película. Después de la proyección Capra, admirado, interrogó al hombre de aspecto de vagabundo que había traído la película: «Sí, yo era dibujante en Chicago... no, el personaje de este ratón es una creación mía... yo le llamo Mickey Mouse... no, es mi voz con la que habla... nosotros hacemos primero el sonido y luego la animación... sí, sería muy feliz si esto lo pudiera ver Harry Cohn...». Harry Cohn decidió que Columbia distribuyera las películas de Disney, pero pronto rompieron. Como dice Capra: «Un genio había nacido: Walt Disney. 

Pero Disney, un hombreniño, y Cohn, un hombre vulgar, hablaban diferentes lenguajes. Cohn confundió la sensibilidad con la debilidad. Prepotente y estúpidamente perdió la más rica mina de oro de Hollywood. El hombreniño cogió sus fascinantes películas y se las dio a la RKO para que las distribuyera. Y más tarde, como todos los genios deben hacer, Walt estableció su propia productora y distribuidora. Disney logró que sus sueños fueran conocidos por niños y adultos generación tras generación; sin embargo de Disney, el hombre, se sabe muy poco. César escribió La guerra de las Galias en tercera persona siendo él el protagonista, Disney tuvo la astucia de encargar su biografía a su hija Diana Disney (las cosas que en primera persona pueden parecer petulantes no lo son en las palabras de una hija que quiere a su padre). 

Por Diana nos enteramos de que el padre de Disney, Elías Disney, era socialista, que el primer dibujo que hizo el niño Walt representaba a un capitalista gordo con un trabajador en su cabeza, que su padre le puso desde muy pequeño a repartir periódicos junto con otros niños a los que pagaba tres dólares a la semana, pero a su hijo no le daba nada: «... después de todo, a ti te visto y te doy de comer». Un día su padre le quiso azotar y su hermano Roy le dijo que no se dejara; cuando el padre le fue a pegar, Walt le sujetó con la mano. El viejo lloró al darse cuenta que su hijo era más fuerte que él... Diana Disney nos sorprende descubriéndonos que su padre tenía miedo a morir a los 35 años, puesto que así se lo habían augurado. Aún incluso pasados éstos, mantuvo su aprensión hacia la muerte. Quizá por eso se negó a crecer, convirtiéndose en ese niño eterno que fue Peter Pan en un mundo mágico. A su hija le pidió: «Cuando muera, no quiero que me entierren. Quiero que me recordéis siempre vivo».

04 marzo 2018

Aparatos del ejército del aire

El papel de la Armada será fundamental en la protección de las aguas territoriales que rodean a Barcelona. Los buques destinados a la seguridad, entre los que están algunos que participaron en la Guerra del Golfo Pérsico, vigilarán constantemente todas las aguas territoriales españolas. El interior de las aguas del puerto estará controlado, como ocurre ya desde hace varios meses, por submarinistas de la Guardia Civil, que permanecerán sumergidos durante las veinticuatro horas del día en varios turnos. También colaborarán buzos de la Armada. Se han construido una serie de barreras submarinas para entorpecer el tráfico submarino. Además, se impide que se formen olas en toda la costa barcelonesa. 

También se han instalado una serie de sonares en toda la zona. La Marina pondrá también a disposición de la seguridad olímpica un submarino, que vigilará constantemente toda la zona costera. En el exterior, se ha realizado un primer vallado general de todas las instalaciones olímpicas del puerto. Existe también un segundo vallado individual, para cada uno de los centros, en los que también hay controles electrónicos.


La vigilancia de toda la zona aérea de Barcelona correrá a cargo del Ejército del Aire. No se permitirá sobrevolar a nadie que no pertenezca a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o a la organización de los Juegos Olímpicos. El papel del Ejército en la seguridad olímpica será fundamental. Las embarcaciones de la Armada y los aparatos del Ejército del Aire desarrollarán un papel muy importante. 

En cuanto a los edificios donde residirán las delegaciones participantes, y a las instalaciones deportivas, la organización tiene preparado un dispositivo diferente para cada enclave. Las acreditaciones, que se elaboran actualmente en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y que funcionarán con códigos de barras, serán diferentes para cada instalación. Estará prohibido acceder al recinto olímpico de Montjuic en vehículos particulares. Tan sólo se podrá entrar en transportes públicos o a pie, para lo que la organización ha construido unas escaleras mecánicas que prácticamente dejarán a todo el público en el recinto olímpico.

Entre las innovaciones tecnológicas previstas para los Juegos Olímpicos el COOB inició el pasado diciembre las pruebas de un dispositivo especial, que serviría para controlar a los vehículos que se acerquen a las zonas olímpicas. Este dispositivo dispone de un sensor, que detecta si los vehículos están autorizados mediante la lectura de una tarjeta con un código de barras que los coches llevarán en su parabrisas. Si el vehículo no lleva esa identificación, automáticamente una cámara colocada al lado del sensor comenzará a filmar al coche y fotografiará su matrícula. 

También se accionará una barrera para impedir el paso al coche. Este dispositivo se incluye en el «proyecto Gaudí», con presupuesto por la Comunidad Europea. La intención es que este sistema se coloque en todos los centros olímpicos pero, debido a su alto coste, es previsible que sólo se ponga en los puntos más importantes. 

Otra de las parcelas más cuidadas por parte de la organización son los «sótanos» de Barcelona. Desde hace varios meses los especialistas en el subsuelo de la Policía Nacional revisan a diario todo el sistema de alcantarillas y túneles subterráneo de la capital catalana. Incluso hay zonas, donde están los edificios olímpicos y los organismos oficiales y de la Generalitat, que son revisadas dos veces al día.